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Estrategias y planes

El fenómeno del tráfico entendido como la circulación de vehículos a motor y el movimiento o tránsito de personas y mercancías se ha generalizado y extendido de tal manera que ya forma parte de la vida cotidiana y que se ha transformado en una de las expresiones más genuinas del ejercicio de la libertad de circulación. Pero, al efectuarse de forma masiva y simultánea, lleva consigo una serie de problemas que precisan la ordenación y regulación para que aquel ejercicio no lesione intereses individuales ni colectivos que deben ser objeto de protección pública.

Las innegables secuelas negativas del tráfico tienen su máximo exponente en los accidentes de circulación, que representan un alto coste para la sociedad y vienen a acentuar la obligada intervención de los poderes públicos en el mantenimiento de la seguridad de la circulación vial, como corolario inexcusable de la competencia exclusiva que otorga al Estado, en materia de tráfico y de circulación de vehículos a motor, el artículo 149.1.21. ª de la Constitución Española.

La seguridad vial cuyo fin no es otro que conseguir una movilidad segura, se ve afectada por múltiples factores: estado económico, climatología, estado de las carreteras, flota de los vehículos… Y afecta a múltiples políticas y estrategias: medioambientales, de empleo, de salud, de consumo, industriales, turísticas… Además, la seguridad vial está en todos: niños, jóvenes, mayores, profesionales, responsables de empresas, Administración… el mero hecho de caminar obliga a conocer unas normas de tráfico.

En las últimas décadas se han conseguido grandes éxitos en materia de seguridad vial en nuestro país, reconocidos incluso fuera de nuestras fronteras, pero aún nos queda mucho camino por recorrer para alcanzar la “visión cero”: alcanzar la cifra “cero fallecidos” por accidente de tráfico. Y cada paso que consigamos en la mejora de la seguridad vial demandará un mayor esfuerzo que los anteriores. 

La coordinación y colaboración mutua resultan imprescindibles para la consecución de objetivos comunes de forma rápida y lo más eficiente posible; por ello, es importante seguir perseverando en el diseño y ejecución de medidas, sobre todo en aquellas que hayan demostrado previamente su efectividad, y alinear a todos los actores (ciudadanía, empresas, administración…) que intervienen en este fenómeno, para trabajar de forma sincronizada y sinérgica.

La realización y puesta en marcha de planes y estrategias, donde se definen líneas de actuación y compromisos es la mejor forma de trabajar conjuntamente teniendo en cuenta el carácter transversal mencionado anteriormente. La elaboración y ejecución de planes de seguridad permite realizar un seguimiento y una evaluación que traducen los aspectos teóricos del plan en una mejora continua de la seguridad vial, reflejo de la propuesta planteada.

La divulgación de buenas prácticas es un magnífico ejercicio de transparencia que permite el traslado de conocimiento y experiencia de unos ámbitos a otros escenarios por desarrollar.