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Según
la
intensidad
de
la
luz,
el
tipo
de
visión
que
se
utiliza
es
distinta:
con
luminosidad
de
mediana
intensidad,
la
visión
es
mesópica;
plenamente
de
día
y
con
iluminación
máxima,
la
visión
es
fotópica;
y
de
noche
y
con
iluminación
escasa,
la
visión
es
escotópica
o
nocturna.
Las
capacidades
visuales
para
la
conducción
son,
en
general,
superiores
con
visión
fotópica
(día)
que
mesópica
(iluminación
moderada)
o
escotópica
(noche).
La
retina es la membrana más interna del ojo y recubre toda su superficie,
con una extensión próxima al metro cuadrado. En ella se
encuentran las células que permiten recoger la información
visual en forma de luz. La luz desencadena en los llamados conos y bastones
complejas reacciones químicas que, finalmente, provocan un estímulo
nervioso que se dirige al cerebro. Los conos se utilizan sobre todo
para la visión detallada (por ejemplo, leer) y del color y se
concentran en la fóvea. Los bastones están en el resto
de la retina y sirven para la visión con baja luminosidad y la
orientación visual.
Cuando
hay un cambio en las condiciones de iluminación, transcurre un
tiempo para que el ojo se -acostumbre- al cambio de utilizar un tipo
de células por otro. La conducción de vehículos
en condiciones de baja luminosidad requiere, por tanto, tener presente
dos aspectos:
’Es
necesario un tiempo de adaptación a la oscuridad, que depende
de muchos factores (edad, estado visual, fatiga, etc.) y que es, en
todo caso, de varios minutos.
’La
visión mesópica y la nocturna permiten menor precisión
en la visión (umbral luminoso). La edad modifica la precisión,
de forma que los mayores tienen menos sensibilidad en la retina para
identificar algunos estímulos de luz.
La
agudeza visual es la capacidad del ojo para distinguir dos puntos separados
entre sí. Mientras más juntos estén los puntos
que se es capaz de distinguir, mayor agudeza visual. Esta se consigue
utilizando los conos, mientras el resto de retina se utiliza más
para lo que se denomina campo visual –la capacidad de distinguir
lo que nos rodea sin mirarlo fijamente–. El campo visual permite
andar sin tropezar con lo que nos rodea, ver los objetos que se mueven
o desenvolverse cuando hay poca iluminación.
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Al
conducir,
la
agudeza
y
el
campo
de
visión
son
fundamentales,
y
se
deben
poseer
unos
niveles
mínimos
para
obtener
o
prorrogar
el
permiso
de
conducción.
Durante
el amanecer, atardecer y la noche, la visión es peor para conducir.
A pesar de circular por una vía iluminada, en esos momentos,
a diferencia de durante el día, la retina trabaja sobre todo
con los bastones. Un reciente estudio, realizado en España, ha
comprobado que la agudeza visual del conductor en condiciones de poca
luz es un 20 por 100 menor que a plena luz, y que la diferencia crece
en las personas de más edad.
Algunas
enfermedades hacen más difícil la visión con poca
luz, y originan hemeralopia o “ceguera nocturna”. Por ejemplo,
la carencia de vitamina A (causada por trastornos en la absorción
intestinal, enfermedades crónicas del hígado o genéticas)
u otros trastornos genéticos. La opacidad del cristalino (catarata),
habitual en los mayores, reduce la capacidad de visión nocturna
y aumenta el deslumbramiento producido, por ejemplo, por vehículos
que se aproximan de frente de noche.
Para
conducir con luz escasa debemos, en primer lugar, conocer que la capacidad
visual está reducida, y más cuanto mayor sea la edad.
Por ello, se debe adecuar la velocidad y los riesgos que asumimos a
esta menor capacidad visual.
Quienes
realizan trabajos nocturnos con baja intensidad luminosa, los conductores
a partir de 60 años y quienes estén expuestos a cambios
bruscos de intensidad luminosa pueden reforzar su dieta en vitamina
A. Pescado, aceites de coco y maíz, lechuga, zanahoria, espinaca,
banana, melón, cítricos en general, etc., son ricos en
ella.
Los
afectados de catarata necesitan más luz para ver los objetos
y al conducir deben tener precaución con los deslumbramientos.
Aunque conserven suficiente agudeza visual diurna, de noche no deben
conducir en tanto no sean intervenidos de la catarata. También
existen gafas para la conducción nocturna con cristales especiales
amarillos, pero su efectividad es discutida.
En
definitiva, conducir o deambular cuando hay poca luz reduce la capacidad
visual e incrementa la posibilidad de accidente. Se debe adaptar la
conducción a estas circunstancias. Si padece una enfermedad que
reduzca su visión, aunque sea de modo leve, procure no conducir
durante la noche.
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