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BICIS Y COCHES: DIEZ REGLAS PARA CONVIVIR
Julio 2011
La bicicleta ha venido para quedarse y va a ser necesaria una adaptación para aprender a convivir y compartir espacios. El eslogan de la última campaña de la DGT da la clave del éxito: “Si nos respetamos, hay sitio para todos”.
La bicicleta está en auge,
es algo más que un ejercicio
sano: es el ‘nuevo’
medio de transporte para
los que buscan desmarcarse
de la dependencia
del coche, un modelo de movilidad
asentado hace años en muchas
ciudades europeas. La clave del éxito
en estas ‘ciudades ciclistas’ ha estado
en la convivencia ‘pacífica’ entre vehículos
tan distintos como automóviles
y ciclos.
Actualmente, unos dos millones de
personas utilizan la bici a diario en
España y se espera que en 2020 haya
otro millón más. Y viendo las cifras
de siniestralidad, está claro que aún nos queda mucho por avanzar: en
2009 murieron 56 personas en 3.469
accidentes de ciclistas. Y resulta significativo
que muchos de estos accidentes
se produzcan en condiciones de
poca luz; o en las intersecciones en
zonas urbanas. Accidentes poco accidentales
muchos de ellos. Evitables.
Es por eso que merece la pena conocer
algunas de las situaciones críticas
que se dan entre bicis y coches para
afrontarlas sin riesgo alguno. En
ello ahonda una de las últimas campañas
de la DGT, que llama a conducir
de forma responsable a ciclistas y
demás conductores con el lema “Si
nos respetamos, hay sitio para todos”.
La forma de conducir, las situaciones, los imprevistos... todo cambia según se circule en ciudad o carretera. En zonas urbanas el ciclista seguro ocupa la derecha y respeta prioridades como cualquier otro conductor, manteniendo las distancias y no haciendo mal uso de su agilidad. Para el resto, se impone una disciplina de carril y atención total en movimientos laterales e intersecciones, más si pululan ciclistas y peatones, tan ‘escurridizos’ en los espejos retrovisores.
En zonas interurbanas en cambio, la situación es otra: los espacios y velocidades se multiplican. De hecho, en las carreteras hay menos accidentes con ciclistas que en ciudad pero son mucho más graves (ocurren tres de cada cuatro muertes). El ciclista de carretera, siempre que sea posible, circulará fuera de la calzada, por el arcén, manteniendo su trayectoria, con el casco protector en la cabeza. Para el resto de conductores, las abismales diferencias de potencia y velocidad marcan la conducción al aproximarse a una bicicleta: menos velocidad y más separación lateral con el fin de no desequilibrarle; un solo golpe de aire puede dar con un ciclista en el asfalto. Y en la medida de lo posible, facilitarle las maniobras: un ciclo no tiene un motor, el ciclista depende exclusivamente de su propia fuerza.
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