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Revista número 211

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EDITORIAL: Las secundarias requieren protagonismo

Las carreteras secundarias son uno de los objetivos prioritarios de la nueva Estrategia de Seguridad Vial 2011-2020, por mucho que a algunos les pueda sorprender. Pero basta conocer unos datos para ver esta prioridad: solo soportan un 43% del tráfico de coches que cada día circulan por todas las carreteras españolas, pero en 2010, en ellas se produjeron el 88% de los accidentes y el 82% de los muertos. Razones más que suficientes para que en este número analicemos el fenómeno de unas carreteras que vertebran el país, que representan el 90% de la red viaria y que es, en muchos casos, la única vía de comunicación de muchos pueblos españoles.
Unas carreteras con unas características muy definidas y que, lamentablemente, están repletas de recuerdos de aquellos familiares de quienes se dejaron la vida en un accidente de tráfico, cuyo Día Mundial en Recuerdo de las Víctimas de Tráfico se celebró recientemente y que volvió a mostrar su objetivo: “Ninguna víctima de tráfico”.
Es verdad que en estas carreteras también se ha reducido la mortalidad en los últimos diez años, un 45%, pero no es menos cierto que mucho menos que la importante reducción que se ha producido en las autopistas, (–75%) y autovías (–59%).

Las distracciones (23%), las infracciones a las normas (17%) y la velocidad inadecuada (11%) son los tres factores que están detrás de esta accidentalidad, lo que vuelve a traer al primer plano el factor humano como causante de no pocas tragedias, también aquí. Quizá nos relajamos, quizá las desconocemos muchas veces, quizá infravaloramos su peligrosidad, quizá falte, como
exponen muchos expertos, mucha inversión en mantenimiento, en seguridad, quizá más vigilancia... Está claro que estas carreteras, que poco tienen que ver con la gran red de buenos viales del país, requieren más protagonismo para evitar que desentonen y se acaben comiendo los importantes avances en materia de seguridad vial en el país.

JESÚS SORIA, DIRECTOR

ACOSADORES

JESÚS SORIA, DIRECTOR

Los acosadores del volante viven en la imbecilidad y son los mismos que conducen bebidos, los que ocupan las plazas de los minusválidos, los de la doble fila...

No se equivoquen por el titular; no pienso dedicar ni una línea a los cobardes, a los maltratadores y agresores con sus parejas...
Ni a esos comerciales que insisten e insisten hasta que te venden lo que sea...
Ni a esos que porfían en llamarnos a cualquier hora, fines de semanas incluídos, para ofrecernos una tarifa de móvil supuestamente mejor...
Ni a los acosadores de los bancos que quieren que nos carguemos de tarjetas, obligádonos a contratar un contable para que nos gestione las comisiones...

Me quiero parar en otros acosadores, menos visibles, menos conocidos, pero mucho más peligrosos.
Esos acosadores de la carretera que no reparan en riesgos a la hora de pegar su coche al culo del que va delante para decir: “Aquí estoy yo, ¿qué pasa?” Soy más rápido, más arriesgado, más irresponsable, más impresentable, con más instinto asesino que tú, más todo... En definitiva, chulos de barrio, macarras. Son los que se creen Fernandos Alonsos, Pedrosas y Lorenzos sin tener
en cuenta que ellos sí son profesionales, que corren, por delante y por detrás, con otros profesionales, que llevan todas las medidas de seguridad habidas y por haber. Que viven de la velocidad y no de imbecilidad.

Estos que acosan y acaban poniendo de los nervios al más pintado, que regalan papeletas irresponsablemente para que alguien puede sufrir un accidente grave, están perfectamente definidos en los manuales sociológicos de la tontería: son los mismos que aparcan en doble fila, los que no ponen tarjeta de la ORA o similar, los que dejan el coche en las salidas de emergencia, los que se ponen al volante aunque se lo hayan bebido todo, los que no saben lo que son los límites de velocidad, los que corren igual en seco que cuando cae el Diluvio Universal,
los que pisan el acelerador aunque lleven niños detrás, los que aparcan en los reservados para minusválidos, los que te hacen una peineta por una mirada, los que necesitan recargar “puntos” cada semana...
Ese 2-3%, de conductores, o menos, que suponen un gran riesgo para la seguridad vial; los que piden a gritos todo tipo de medidas coercitivas para frenar sus ímpetus y que no recarguen los índices de siniestralidad en las carreteras...
Por eso me parece bien que el Fiscal de Seguridad Vial los tenga en el punto de mira y esté dispuesto a meterlos entre rejas. La próxima vez que me encuentre a uno, prometo pasarle los datos a Bartolomé Vargas. Estos acosadores, tienen muchas papeletas para llevarse el premio gordo por delitos contra la seguridad vial. Y por eso hay que acosarlos como sea.
Por lo demás, feliz 2012 a todos.

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