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CURSOS DE CONDUCCIÓN: CONOCER LOS PROPIOS LIMITES PARA ESQUIVAR RIESGOS
Diciembre 2011
¿Ha escuchado alguna vez a alguien confesar sus carencias al volante? Muy al contrario, los conductores tendemos a pensar “no me pasará a mí, yo sé conducir”. Unas pocas horas de formación en conducción preventiva pueden ‘abrirnos los ojos’ y desmontar una ilusión: en realidad, no conduzco como el mejor. “Tráfico y Seguridad Vial” lo ha comprobado.
Ocurre que a los conductores nos cuesta ver lo que hacemos mal. En ocasiones, simplemente porque no nos damos cuenta. No sabemos que no sabemos. Piénselo un momento, póngase a prueba: si fuera necesario, ¿sabría ejecutar una frenada de emergencia sobre mojado? ¿Sabe cómo reaccionaría su coche? Es más, ¿sería capaz de anticiparse y evitar el frenazo a fondo? Si le surgen dudas es porque seguramente nunca se ha visto en un apuro así. Pues es precisamente este el objetivo de los cursos de conducción en situaciones adversas que cualquiera de los automóvil club y las escuelas de conducción ofertan actualmente: poner un espejo delante al conductor para que sea consciente de sus propios límites y de sus carencias al volante. “Todo este aprendizaje se interioriza y sale en el momento que puede ser necesario. Los conductores tenemos que reciclarnos, cambian las vías, los coches, nosotros mismos cambiamos”, afima Paco Costas, director de la Escuela de Conducción del Comisariado Europeo del Automóvil (CEA), a uno de cuyos cursos ha asistido esta revista.
El primer paso para conducir seguro es conocer la posición óptima al volante: la espalda completamente apoyada en el respaldo, los brazos paralelos, sin cansarlos, y las manos en posición de tres menos diez. “Es la base para reaccionar mucho más rápido”, nos explica Mario Moscatel, instructor de la escuela de conducción de CEA. La distancia del cuerpo al volante también debe ser adecuada, para no perder capacidad de maniobra. Y lo es cuando, estirando completamente los brazos, llegamos a posar las muñecas sobre el volante. También es fundamental la forma de girar el volante. Hay varias técnicas para hacerlo, según necesitemos moverlo más o menos rápido, siempre con las dos manos sujetando el volante y evitando cruzar los brazos. ‘Vicios’ como apoyar la mano sobre el cambio o el brazo en la ventanilla son comunes y restan capacidad de maniobra al conductor.
Encendemos motores y entramos en materia. Para empezar, un ‘eslalon’ entre una línea de conos naranja. Llevamos el cuerpo pegado al asiento, bien sujeto por el cinturón. Los brazos se mueven rápido, pasando uno sobre el otro. Intentamos serpentear a derecha e izquierda entre los conos, sin tocarlos. Un ejercicio de coordinación perfecto para desentumecer músculos y poner en práctica la introducción teórica.
A continuación, el programa propone la clásica prueba de esquiva, la conocida ‘prueba del alce’. A unos 60 km/h, un obstáculo irrumpe súbitante en la calzada. Los dos giros rápidos de volante necesarios para sortearlo son suficientes para hacer que el vehículo pierda estabilidad. “Una esquiva implica una desestabilización que puede terminar con el vehículo fuera de la calzada”, asegura Costas. “Aquí intervienen la pericia del conductor y el control electrónico de estabilidad”. Efectivamente, la experiencia es aún más inquitante sin control de estabilidad (ESP) y dando dos ‘volantazos’ bruscos: el trompo es inevitable, la escasa sensación de control que teníamos se esfuma en una décima de segundo.
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