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Revista número 213

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"Estamos idiotizados con el GPS"

Leo Harlem, Humorista

ABRIL 2012

Leo Harlem está a punto de cumplir diez años haciendo humor. Desde que cambió la barra de un bar por los escenarios tras quedar como finalista en el tercer certamen de monólogos de “El Club de la Comedia”, son muchos los temas del día a día a los que ha sacado punta. Ahora protagoniza la última campaña de la Dirección General de Tráfico con tres monólogos sobre el peatón, el GPS y el móvil.

- Es un peatón convencido…
- Sí, y responsable, somos nuestra propia carrocería, el riesgo que corremos es tremendo porque si nos damos un golpe, no hay forma de amortiguarlo. Los coches nunca me han llamado la atención. Me manejo muy bien con el transporte público, utilizo los autobuses, el metro, los taxis, y estoy encantado, tengo muchos chóferes a mi disposición, es más barato que tener un coche y, además, uso la bicicleta.
- ¿Se siente respetado cuando va en bicicleta?
- No, falta mucho todavía para que los conductores tengan en consideración a los ciclistas; va a tener que pasar un tiempo para que se acostumbren, porque ahora se ven pocos y vamos con miedo. El tráfico de algunas ciudades como Madrid es muy intenso y no invita precisamente a sacar la bici. Yo la utilizo en Madrid cuando hace buen tiempo y por zonas poco concurridas; es muy agradable. Y por supuesto, voy en condiciones, con mi casco y los reflectantes.
- ¿Qué tal es como copiloto?
- Soy un ‘coñazo’, no me callo. Hago muchos kilómetros para ir a eventos y ‘bolos’ y siempre me llevan. Por eso he podido ver cómo estamos idiotizados con el GPS. Si hay que ir a Valencia, no hace falta usarlo; yo sé cómo llegar desde Madrid y no tengo carné de conducir; es suficiente con seguir los letreros, no te digo que no lo utilices para saber dónde está una calle, pero la dependencia es increíble… Al conductor no le dejo ni cambiar la música, la pongo yo; soy copiloto profesional.
- ¿Qué importancia da al cinturón?
- Muchísima. En cuanto me subo a cualquier coche, también en los taxis, me lo pongo, es un acto reflejo. Todo contribuye, es vital. Las cosas no se hacen porque sí. Si las normas están ahí, es porque son beneficiosas para todo el mundo. Sucede lo mismo que con los perros, que deben llevar bozal y no llevan; y dicen los dueños, “no, si mi perro no hace nada...”. Hasta que hace… Hay que desterrar la idea de que las cosas solo les pasan a los demás, porque cuando te tocan a ti solo queda lamentarse. Yo tuve la desgracia de perder a un primo en un accidente y es algo pavoroso.
- ¿Con el alcohol se sigue teniendo esa misma percepción o ha cambiado?
- Yo he notado que los conductores se lo toman ya muy muy en serio. Lo veo en la gente con la que salgo a cenar: si han bebido y han llevado coche, deciden volver en taxi y recoger el coche al día siguiente; están también los que optan por no beber porque tienen que conducir y cenan y se toman una cerveza sin alcohol.
- ¿Qué opina del carné por puntos?
- Está funcionando muy bien, se circula con más prudencia, aunque es triste que no seamos capaces de cumplir las normas si no hay una amenaza de sanción. Regular el tráfico es difícil porque depende mucho de la persona y esa persona se cree que es inmune a todo, que controla y que conduce muy bien.
- ¿Y de los límites de velocidad?
- Me parece que son adecuados, pero me extraña que puedas crear una máquina que luego la tengas que limitar tantísimo. Hacen coches que alcanzan 250 y 300 km/h y, sin embargo, no se permite ir a esa velocidad. Sería interesante que hubiera un tipo de vehículo menos potente, porque, teniendo en cuenta la cantidad de tráfico, está muy bien tener reserva de potencia para los adelantamientos, pero ves cada cosa..., te adelantan vehículos que dices ¿a cuánto iba este tío? Los coches corren demasiado y, como son muy buenos, la sensación de velocidad no existe. Hay que ser más previsor y salir antes de viaje, es mejor ir con tiempo y parar a tomar café.
- ¿Qué papel tiene la educación en la carretera?
- Es la clave de toda la vida social, y más en este aspecto en el que se está jugando con la vida. El problema es que aquí estamos hablando de que alguien que no respete las normas se puede llevar por delante a un montón de gente. Hay que empezar a enseñar desde pequeñitos: ves a niños salir del colegio y a sus padres que cruzan por cualquier sitio, ¡así cómo van a aprender!; o como, un poco más mayores, andan en bicicleta por la acera a lo loco... Y afecta a todos, tanto al peatón como al ‘motero‘, al ciclista o al conductor.
- ¿Qué puede aportar una campaña con humor?
- El humor sirve para transmitir los valores. Si los conductores se quedan con la muletilla de “hay que estar a lo que hay que estar”, con que tienes que estar atento al volante y conducir con los cinco sentidos, si conseguimos que un copiloto se lo diga al que conduce, el mensaje ya ha calado. Las cosas con humor siempre entran mejor. Por eso, la polémica surgida no tiene sentido: se trata de mandar los mensajes de otra forma más cordial y siempre desde el respeto.

(...)

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