El exceso de velocidad o una velocidad inadecuada es uno de los principales factores de riesgo en la carretera. Uno de cada cinco accidentes de tráfico con víctimas se puede relacionar directamente con el exceso de velocidad.

La velocidad excesiva o inadecuada ejerce una influencia muy negativa sobre tus capacidades para conducir y te expone con mucha facilidad a situaciones de alto riesgo.

Con exceso de velocidad, cualquier accidente en el que te veas envuelto
va a tener unas consecuencias mucho más graves que si tu velocidad
hubiera sido moderada.

La probabilidad de morir o sufrir lesiones graves permanentes es mucho mayor en un accidente con velocidad excesiva que en otro con una velocidad más moderada. Esto sucede independientemente de si la causa última del accidente ha sido o no el exceso de velocidad.

Si siempre conduces a una velocidad excesiva o inadecuada, es una mera cuestión de tiempo que acabes por sufrir un siniestro.

Por el contrario, circular a una velocidad adecuada a la situación en la que te encuentras puede evitar que sufras un accidente y aunque este finalmente llegue a producirse, probablemente será de mucha menor gravedad.

Efectos de circular a velocidad excesiva o inadecuada

Aumento en la distancia de detención:

El primer efecto de la velocidad sobre la conducción es el aumento de la distancia de detención. Cuanto más rápidamente circules, más tiempo tardarás y más espacio recorrerás antes de que tu vehículo se detenga por completo o antes de que disminuya la velocidad lo suficiente como para evitar el accidente.

Distancia de reacción

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Desde que percibes el peligro (por ejemplo, un niño invadiendo la vía por sorpresa) hasta que pisas el pedal de freno pasa un cierto tiempo que llamamos tiempo de reacción. La distancia que recorres durante este tiempo se llama distancia de reacción. Esta distancia de reacción la recorres siempre, independientemente de lo caro o de lo seguro que sea tu coche, o de lo hábil que seas al volante. Por ello, la velocidad excesiva siempre representa una mayor probabilidad de accidente para todos.

Tu tiempo de reacción depende de tus reflejos, tu estado de ánimo, tu nivel de alerta, si estás o no bajo los efectos del alcohol e incluso de la temperatura del interior de tu coche, entre otros muchos factores.

Se suele considerar normal un tiempo de reacción de 0,75 segundos, durante los cuales recorrerás más o menos metros dependiendo de la velocidad a la que circules. Por ejemplo, si vas a 50 km/h recorrerás unos 10 metros antes de empezar a frenar, mientras que a 120 km/h la distancia recorrida ascendería a 25 metros.

Distancia de detención

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La distancia de detención es igual a la suma de la distancia de reacción (espacio que recorres antes de pisar el freno) más la distancia de frenado (espacio que recorres durante la frenada). En esta distancia de detención, además de la velocidad, influyen de manera importante:

  • El estado de la vía (firme en mal estado, etc.)
  • Condiciones climatológicas (lluvia.nieve, etc.)
  • El estado del vehículo (frenos, neumáticos, amortiguación, etc.)
  • El estado del conductor (fatiga, sueño, alcoholemia, etc.)

Por ello, es muy importante adecuar nuestra velocidad al estado en el que se encuentren estos tres elementos.

Distancia de frenado

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La distancia de frenado es aquella que recorre el vehículo desde que pisas el pedal del freno hasta que se detiene el vehículo. Está determinada principalmente por la velocidad a la que circulas, pero también se ve afectada por:

  • La masa del vehículo, la carga que lleves y su colocación.
  • El estado de los frenos, los neumáticos y los amortiguadores.
  • La existencia y funcionamiento de los dispositivos electrónicos de asistencia a la frenada.
  • Las condiciones de la vía (húmeda, seca, con firme liso o rugoso).
  • Las condiciones del entorno (nieve o hielo).

La velocidad a la que circules influye tanto en la distancia recorrida de reacción como en la de frenado, por lo que es imprescindible llevar una velocidad adecuada para una conducción segura.

Efectos de la velocidad en el conductor

Uno de los efectos negativos más destacados que tiene la velocidad es que afecta al proceso de percepción visual del conductor. Provoca el llamado efecto túnel, reduciendo la capacidad de anticipación y favoreciendo la aparición de la fatiga, la agresividad y las distracciones.

A medida que aumentas la velocidad, disminuye la amplitud de tu campo visual útil. Este es el llamado efecto túnel, que te impide apreciar cualquier peligro en los laterales de la carretera, lo que es especialmente peligroso en las intersecciones. Se podría decir que las imágenes laterales pasan a tal velocidad que el ojo es incapaz de captarlas y sólo ves con nitidez el centro de la imagen.

De este modo, cuanto mayor sea la velocidad, menor será tu capacidad para poder ver y analizar lo que ocurre a tu alrededor (señales, peatones, otros vehículos, etc.) y, por tanto, para poder reaccionar a tiempo y con seguridad. Por ejemplo, a 80 km/h ya se produce una pérdida del 35% en tu eficacia visual. ¿Te puedes imaginar qué es lo que pasa cuando circulas a 150 km/h?

Por ello, el exceso de velocidad dificulta nuevamente tu capacidad de anticipación. Si llevas una velocidad adecuada podrás detectar a tiempo, por ejemplo, las intenciones de los otros usuarios y tener tiempo para reaccionar y evitar el accidente. En cambio, con exceso de velocidad puede que no seas capaz de captar la situación de emergencia hasta que ya sea demasiado tarde.

Finalmente, conducir durante mucho tiempo a una velocidad elevada acelera la aparición de la fatiga, además de que aumenta las probabilidades de sufrir una distracción y de que te comportes con agresividad, lo que también afecta seriamente a tu seguridad en la circulación.

Consecuencias de una velocidad excesiva en accidentes

Los daños físicos y materiales que sufras en caso de accidente están muy relacionados con la cantidad de energía cinética del vehículo y por tanto de su velocidad. La probabilidad de morir o sufrir lesiones graves permanentes es mucho mayor en un accidente con velocidad excesiva que en otro con una velocidad más moderada. Esto sucede independientemente de si la causa última del accidente ha sido o no el exceso de velocidad. Para ilustrar la importancia de la velocidad en el desenlace de un accidente, se puede comparar el impacto provocado con el que se produce al saltar con tu vehículo desde un determinado edificio:

  • Una colisión a 50 km/h equivale a caer desde un tercer piso.
  • Una colisión a 120 km/h equivale a caer desde el piso 14.
  • Una colisión a 180 km/h equivale a caer desde el piso 36.

Los límites de velocidad

Muchos conductores opinan que las limitaciones de velocidad actuales son exageradas ya que las mejoras técnicas de los vehículos y de carreteras podrían permitir circular a mayor velocidad con total seguridad. Pero esta opinión no se corresponde con la realidad.

En general, siempre que se reducen los límites de velocidad la situación
en el tráfico mejora y siempre que se incrementan estos límites,
el número y la gravedad de los accidentes aumenta.

Aunque nuestros vehículos y nuestras carreteras sean técnicamente mejores, los seres humanos cometemos más errores a medida que aumentamos la velocidad a la que circulamos.

  • La velocidad hace que te sea más difícil evaluar correctamente las situaciones de tráfico, ya que reduce la cantidad y la calidad de la información que puedes recoger del ambiente.
  • La velocidad deja menos tiempo para la toma de decisiones, por lo que tu elección de respuesta será más precipitada y probablemente menos correcta.
  • La velocidad hace más complicada la ejecución de determinadas maniobras o la rectificación de los errores.
  • La velocidad aumenta el riesgo creado por otros factores tales como las distracciones, el alcohol, la fatiga, la somnolencia, etc.

Circular con una velocidad adecuada

Hay conductores que piensan que respetando los límites de velocidad permitidos siempre circularán de manera segura. Sin embargo, hay muchas circunstancias en las que no superar la velocidad máxima no es suficiente para evitar el accidente.

No circulas a una velocidad adecuada si no tienes en cuenta las condiciones de la vía, de tu vehículo (estado de los neumáticos o luces) y tu propio estado físico y psíquico (sueño o fatiga). Por ejemplo, la lluvia o niebla, hace más peligrosa la conducción. Mantenerse dentro de los límites podría no ser suficiente para evitar los accidentes, hay que circular con una velocidad adecuada.

A continuación presentamos una serie de conceptos sobre la velocidad a tener en cuenta:

La velocidad y la toma de curvas

En las curvas los vehículos se someten a una serie de fuerzas que, si se desequilibran, pueden acabar por sacarlo de la vía.

Si circulas a una velocidad excesiva por las curvas, el vehículo puede llegar a volverse inestable y perder su trayectoria, se ha comprobado que el riesgo de sufrir una salida de la vía en estos casos puede llegar a multiplicarse por tres.

La velocidad, además de aumentar la posibilidad de que se produzca un derrape, disminuye la capacidad de frenado. Por ello, la probabilidad de accidente en curva se incrementa sensiblemente con la velocidad y se dispara, por ejemplo, cuando el suelo está mojado o cuando los neumáticos están en mal estado.

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