ADAS y ARAS, asistentes para la seguridad

Fecha actualización: 05 marzo 2026

Si se ha comprado un coche hace poco, seguramente ya los conoce, aunque siga teniendo dudas sobre cómo utilizar alguno de ellos o continúe sobresaltándose cuando una alerta sonora o luminosa le advierta de algún peligro. Hablamos de los asistentes para la conducción -ADAS (Advanced Driver Assistance Systems, por las siglas en inglés) para los coches y ARAS (Advanced Rider Assistance Systems), para las motocicletas-, la gran baza que la tecnología nos ofrece para reducir la siniestralidad vial.

Hasta el año 2038 podrían salvar la vida a más de 25.000 personas en Europa.

En Europa, el gran salto en la implantación de estos dispositivos se produjo en 2019, cuando la Unión Europea aprobó el Reglamento que obligaba a la paulatina incorporación de estos dispositivos en todos los vehículos: a partir de julio de 2022, para los de nueva homologación y desde julio de 2024, para las nuevas matriculaciones. El objetivo no era otro que avanzar hacia la visión cero con las oportunidades que ofrece la tecnología. Según sus propios cálculos, con esta decisión, se podían salvar en toda la UE hasta 25.000 vidas y evitar 140.000 lesiones graves hasta el año 2038. Es decir, estos asistentes pueden prevenir aproximadamente el 40 % de los siniestros de tráfico, el 37 % de todas las lesiones de consideración y el 29 % de todas las muertes relacionadas con los siniestros viales.

Un poco de historia

Para encontrar el origen de los ADAS debemos remontarnos a la década de 1930, cuando la empresa Bosch patentó un rudimentario sistema mecánico que evitaba que los frenos se bloquearan ante una frenada brusca. Pero no fue hasta 1978 cuando esta empresa alemana, en colaboración con la automovilística Mercedes-Benz, presentó un sistema electrónico antibloqueo de los frenos. Nacía así el ABS (Anti-lock Braking System) y el Mercedes-Benz Clase S fue el primer vehículo en incorporarlo. Al principio, fue una mejora que llevaban algunos coches de la gama más alta. Sin embargo, cuando se comprobó su gran eficacia comenzó a incluirse de serie en los vehículos. En Europa es obligatorio desde 2004.

Unos años antes, en 1995, llegaba el Control Electrónico de Estabilidad o ESC (Electronic Stability Control), fruto también de la colaboración entre Bosch y Mercedes-Benz. De nuevo, el Clase S de la casa alemana fue el primer vehículo en incorporarlo. También conocido como ESP (Electronic Stability Program), el objetivo de este dispositivo era dar estabilidad para evitar derrapes y pérdidas de control del vehículo. Una vez demostrada su gran utilidad, se convirtió en 2014 en requisito obligatorio para todos los vehículos matriculados en la Unión Europea.

Dos grandes retos

Desde ese año, la evolución de los asistentes de conducción ha sido constante e imparable hasta llegar al momento actual, en el que cada vez son más y están más presentes en los vehículos, también en las motocicletas y en los más pesados.

No obstante, para conseguir que su uso se generalice cada vez más es necesario enfrentar dos grandes retos. Por un lado, el del envejecido parque automovilístico de muchos países. Por ejemplo, en el caso de España, la edad media de los vehículos es de 14,5 años, lo que significa que no son muchos los que incorporan estas nuevas tecnologías. De hecho, sólo lo hacen los adquiridos en los últimos años. En este caso, el desafío que se plantea radica en promover una gradual renovación de ese parque.

El segundo reto que es necesario enfrentar es el desconocimiento que existe en la población en torno a los asistentes de conducción, sobre cómo se utilizan y funcionan. Muchas veces la percepción que tienen los conductores de ellos es de molestia y no de ayuda (por ejemplo, por las frecuentes alertas sonoras o luminosas). Este desconocimiento quedó constatado en el estudio sociológico ‘Conocimiento de los Sistemas ADAS por parte de la población española’, elaborado en 2022 por Bosch y FESVIAL (Fundación para la Seguridad Vial), donde se señalaba que el 40 % de los conductores no conocía estos dispositivos, mientras que el 60 % restante, que sí los conocía, admitió tener “grandes lagunas” sobre su funcionamiento. En este caso, el desafío pasa por mostrar la efectividad de los ADAS a la hora de protegernos en la carretera. Porque, a la espera del vehículo completamente autónomo, la tecnología nos proporciona una oportunidad única para seguir reduciendo las cifras de siniestralidad vial.

Lo mejor está por llegar

Aunque los ADAS son ya un presente incontestable, la generalización de su uso y la permanente evolución de las propias tecnologías permitirá a medio plazo que las cifras de siniestralidad comiencen a notar su impacto.

No son pocas las voces que identifican el futuro de los ADAS con la llegada del vehículo autónomo. Sin embargo, aunque el desarrollo de la tecnología de esos sistemas nos acerca un poco más a un escenario de plena autonomía, en su propia denominación, los ADAS (Sistemas Avanzados de Ayuda a la Conducción), incorporan una condición intrínseca de asistentes. La evolución que aún deben sufrir los ADAS es importante, como indicaba Francisco Aparicio, presidente del Instituto de Investigación del Automóvil (INSIA), en el I Encuentro MOVI-TEC, celebrado en octubre en Madrid:

“Desde la ciencia y la academia podemos afirmar que los sistemas ADAS son ya una realidad consolidada, aunque todavía en proceso de evolución, por lo que debemos seguir investigando para eliminar las actuales barreras: las tecnológicas, que requieren seguir mejorando la eficacia y la integración de los sistemas, y las reglamentarias, necesarias para su implantación generalizada”.

Por tanto, aunque relacionados, ADAS y vehículo autónomo son desarrollos diferentes, con plazos y resultados diferentes. “Hace años hubo una fiebre del vehículo autónomo, y, en ese momento, hablar de ADAS era casi como hablar de una tecnología sobrepasada, pero nosotros siempre hemos dicho que es una evolución, no una revolución. Hemos alcanzado el nivel 2 de automatización en los ADAS, pero esos sistemas aún pueden ser más fiables y tener menos limitaciones, como, por ejemplo, su respuesta en ciertas condiciones lumínicas”, advierte Ricardo Olalla, vicepresidente de Ventas de Soluciones de Movilidad de Bosch España.

Adas vs vehículo autónomo

Entonces, ¿dónde está la frontera entre un vehículo que presente un completo paquete de ADAS y uno calificado como autónomo? Según la escala de automatización de SAE Internacional, ese punto en el que los sistemas dejan de ser una asistencia al conductor se encuentra en el nivel 3. “Para mí el nivel 3 ya no puede considerarse un ADAS, aunque sea su evolución natural. Pero, aunque tecnológicamente cada vez estamos más cerca del nivel 2++, no creo que debamos correr para dar el salto al nivel 3”, explica Olalla.

A corto plazo, el Reglamento General de Seguridad (GSR) de la UE marcará un nuevo hito en julio de 2026, cuando exigirá que todos los vehículos nuevos que se matriculen en la UE incorporen el Sistema Avanzado de Advertencia de Distracción del Conductor (ADDW) -obligatorio desde julio de 2024 para nuevos modelos-, una tecnología que combate frontalmente el factor concurrente con más incidencia en siniestros mortales en España: las distracciones. “Cada vez tenemos algoritmos más potentes para que la monitorización al conductor sea más completa y fiable, y para que el sistema sea capaz de detectar si una persona está mirando al móvil o no está prestando atención a la carretera. Esta monitorización también puede ser clave en casos de somnolencia, alcohol o drogas”.

La evolución de los ADAS conlleva, como no, la incorporación progresiva de sistemas de inteligencia artificial. Un ejemplo es el proyecto ‘Siempre Seguro’ de la compañía de transportes ALSA, basado en cámaras inteligentes que emplean ‘machine vision’ e IA para detectar más de cuarenta tipos de comportamientos de

Interior futurista de un coche autónomo donde una mujer rubia en el asiento del conductor mira de perfil. La imagen incluye superposiciones gráficas: una línea azul desde sus ojos hacia una ventana flotante para "seguimiento ocular", y cuadros alrededor de sus manos y el volante con un icono de "atención del conductor". La pantalla del salpicadero muestra un mapa urbano en 3D.

riesgo potenciales de los conductores. Estos datos permiten un seguimiento individualizado, formación específica y asignación de rutas adecuadas, reduciendo la siniestralidad en la flota.

IA que ‘piensa’… y ‘aprende’

Para el directivo de Bosch España, “lo que nos permiten los algoritmos de inteligencia artificial es que cada vez podamos interpretar mejor la información. La mezcla de cámara, radar (que funciona bien en cualquier condición atmosférica) y sensor de ultrasonido genera gran cantidad de datos, y ahí es donde entra la inteligencia artificial para ser capaz de hacer una correcta interpretación de la situación. Además, son modelos a los que entrenamos con innumerables situaciones, y gracias a eso son más robustos”.

Todos estos avances no ocultan alguna posible amenaza, consecuencia de la sofisticación y generalización de los ADAS, como la ciberseguridad. Para Olalla, “la Unión Europea ya ha definido estándares de ciberseguridad adecuados para que todos los sistemas, sobre todo desde el punto de vista del vehículo conectado, que es el punto más crítico, tengan unos estándares sólidos de seguridad. Todas las partes estamos trabajando duro para controlar los riesgos que se asumirán en un tráfico totalmente conectado”.

Resultados en seguridad vial

Con todo lo anterior, hemos dejado la gran pregunta para el final: ¿cuándo empezaremos a notar descensos significativos en la siniestralidad vial como consecuencia de la generalización de los sistemas ADAS en todo tipo de vehículos? Según el proyecto VIDAS, impulsado por FESVIAL y Bosch, si todos los vehículos equiparan sistemas ADAS se podrían prevenir -o mitigar- el 40 % de todos los accidentes de tráfico, el 37 % de todas las lesiones de consideración y el 29 % de todas las muertes relacionadas con los siniestros viales. Un horizonte alentador, pero que, con un parque de vehículos con más de 14 años de antigüedad como el español, no parece cercano. Sin embargo, Ricardo Olalla, de Bosch, prevé resultados visibles a medio plazo: “Con la introducción de la obligatoriedad del paquete de ADAS en los vehículos nuevos en 2024, yo creo que tenemos que empezar a ver esa ola de beneficio en los próximos cinco años”.

ADAS contra los errores humanos

Según los expertos, una gran parte de los siniestros de tráfico (entre el 80 y el 90 %) se debe a errores humanos, provocados por las distracciones, la fatiga o el cansancio, los excesos de velocidad, etc. Con los asistentes de conducción, estos riesgos se eliminan o reducen de forma considerable al ser capaces, por ejemplo, de detectar y advertir de la fatiga de la persona que conduce, evitar las salidas del carril, limitar la velocidad a la que podemos circular o activar la frenada de emergencia en situaciones de peligro para evitar atropellos.

El pasado octubre, en el Encuentro Movitec que sobre los ADAS organizaron la Dirección General de Tráfico y FESVIAL, en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Madrid, se ofrecieron algunos datos que muestran su eficacia. Por ejemplo, el dispositivo de ‘Detección por somnolencia’ podría evitar hasta el 35 % de las distracciones; el ‘Mantenimiento de carril’ impediría hasta el 25 % de las salidas de vía; la ‘Frenada de emergencia’ evitaría el 55 % de las colisiones por alcance y el 25 % de los atropellos mortales; el ‘Asistente inteligente de velocidad’ podría evitar hasta el 35 % de los siniestros por velocidad inadecuada; la ‘Detección de marcha atrás’ impediría hasta el 32 % de las colisiones por marcha atrás, y, por último, la ‘Vigilancia de ángulos muertos’ evitaría hasta el 40 % de los atropellos a usuarios vulnerables (peatones, ciclistas y motoristas).

Mantenimiento y reequilibrado

Los sistemas ADAS son unos dispositivos electrónicos que, como toda máquina, necesitan cuidado y mantenimiento. En este punto, los talleres juegan un papel decisivo para garantizar que están en perfecto estado y pueden intervenir con seguridad.

Además de los dispositivos propiamente dichos, también incorporan una serie de cámaras y sensores (“sus ojos”) que vigilan todo lo que su sucede alrededor del vehículo y que transmiten información fiable para poder advertir al conductor de un peligro inminente o actuar en caso de emergencia. La mayoría de esas cámaras y sensores están situados en el parabrisas del vehículo, por lo que cuando hay que sustituirlo es necesario primero desmontarlos e instalarlos otra vez en el nuevo cristal. Desde Carglass, empresa especializada en la reparación y sustitución de lunas de automóviles, destacan la importancia de volver a recalibrar esas cámaras y sensores “para asegurar que funcionan con la máxima precisión y proporcionan información correcta” y garantizar que los ADAS mantienen “su eficacia con el paso del tiempo”.

Los expertos de Carglass añaden que “la causa más común por la que los sistemas ADAS pueden sufrir fallos de funcionamiento es porque sus cámaras y sensores no hayan sido recalibrados, o esa operación se haya hecho de un modo incorrecto. Un coche con sus sistemas ADAS mal recalibrados puede provocar una colisión o un atropello, pues el sistema no puede calcular bien las distancias ni el tiempo y potencia de frenado”.

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