La Comisión Europea nos ayuda a hacer las matemáticas de cuántas vidas siega el alcohol en las carreteras de sus países miembros cada año. Este organismo estima que alrededor del 25 % de los siniestros viales se producen por conducir bajo sus efectos y que al menos el 80 % de ellos se podrían haber evitado si esos conductores hubieran estado sobrios. “Eso nos deja con que eliminar la conducción bajo los efectos del alcohol podría evitar al menos 4.000 muertes cada año”, asegura Francesca Podda, experta en seguridad vial del European Transport Safety Council (ETSC).
A pesar de los datos, poco a poco se avanza en la lucha contra el binomio conducción-alcohol. Beber y conducir ya son percibidos como actividades incompatibles por la mayoría de los europeos. Según los resultados de la última encuesta ESRA (E-Survey of Road Users Attitudes), publicada a finales de 2024, entre el 92 % y el 96 % de los encuestados de los 22 países participantes consideran inaceptable conducir bebido o drogado. Desafortunadamente la sensibilización de la mayoría no basta. Ese mismo estudio muestra cómo aún hoy el 15,4 % de los conductores confiesa haber circulado por las carreteras europeas tras beberse una copa. Y donde no llega el sentido común, deben llegar las leyes.




