Hace varias décadas, Europa asumió como uno de sus objetivos prioritarios reducir el número de accidentes y de fallecidos en sus carreteras. Para ello, empezó a implementar cambios relevantes en materia de seguridad vial de forma coordinada en todo el continente. Dando un giro a su política, se pasó de un sistema meramente sancionador de las malas conductas al volante a uno más integral en el que se incluía también la prevención y la formación. En este nuevo enfoque se han tenido en cuenta, además, diferentes aspectos, como la mejora de las infraestructuras, la modificación de las normativas referentes al tráfico, los avances tecnológicos y el aumento de controles y campañas de tráfico. Todo esto ha logrado que los esfuerzos se plasmen en cifras: se ha pasado de 54.000 fallecidos anuales en siniestros de tráfico a principios de los años 2000 a 19.400 en 2025.
La reducción de un 60 % de las víctimas mortales en carretera ha situado a Europa como un referente mundial en la lucha contra la siniestralidad vial y numerosos países de todo el mundo miran al viejo continente en busca de soluciones similares para aplicar en sus respectivos territorios.
El permiso por puntos ha jugado un papel clave en la disminución de estas cifras y se ha mostrado como una de las medidas más eficaces para mejorar la seguridad en las carreteras. Francia adoptó este sistema en 1992 y las muertes por siniestros de tráfico descendieron considerablemente, pasando de las 8.000 registradas en 1990 a 4.000 en 2006. En Italia, en sólo cinco años, las muertes se redujeron de 7.000 en 2001 a poco más de 5.000 en 2006.


