Lo que aprendimos con el permiso por puntos. Pere Navarro, director general de Tráfico
Conmemoramos 20 años de la implantación en España del permiso por puntos. Dos décadas que nos sirven para reflexionar sobre el camino que nos ha traído hasta aquí. Desde el principio, la medida se planteó con un doble objetivo: por un lado, reducir las cifras de fallecidos y heridos en la carretera; por otro, emprender un cambio de hábitos y mentalidad en todos los conductores. Y los datos nos indican que ambos objetivos se han conseguido.
En 2003, la tasa de siniestralidad vial en España era de 128 personas fallecidas por millón de habitantes. Ese año, 5.399 personas perdieron la vida en la carretera y otras 26.305 resultaron heridas graves en los 99.305 siniestros que se registraron. En 2024 (último año que tenemos con datos consolidados), la tasa de siniestralidad vial fue de 37 personas fallecidas por millón de habitantes. Además, se contabilizaron 99.987 siniestros viales, en los que fallecieron 1.785 personas y 9.561 resultaron heridas de gravedad. Más desplazamientos, más siniestros, pero menos personas fallecidas y muchas menos heridas graves.
Con el permiso por puntos, se impuso una visión diferente basada en unos principios y prioridades. La primera y principal, asumimos que los siniestros de tráfico son evitables, es decir, entre todos podemos conseguir que no sucedan o que sean los menos posibles. En segundo lugar, se demostró que España podía sacar adelante un proyecto tan ambicioso como este, tal y como habían hecho antes que nosotros otros estados europeos, siguiendo el ejemplo de Alemania, el país pionero. En tercer lugar, aprendimos que la seguridad vial debía ser algo transversal y llegar a todos los ámbitos. En cuarto lugar, descubrimos que para reducir la siniestralidad vial no hay soluciones mágicas, sino aprobar medidas coherentes y que se prolonguen en el tiempo. Por último, pero no menos importante, aceptamos la responsabilidad compartida: las administraciones públicas adoptan determinadas medidas, pero cada persona tiene también su responsabilidad cuando circula por una carretera. De esta manera, cada uno comenzó a gestionar sus puntos: quienes cometen infracciones los pierden; quienes cumplen las normas verán aumentado su saldo de puntos. Lo repetimos muy a menudo: la seguridad vial es un tema demasiado importante como para dejarlo sólo en manos del Gobierno.
Sobre los aspectos formativos y de concienciación de este modelo de permiso de conducir, ahí tenemos los cursos de recuperación de puntos o de la vigencia del carné. A estos se han añadido recientemente los cursos de conducción segura y eficiente, que es la gran apuesta para el futuro porque son voluntarios y pueden ayudar a que mejoremos nuestros hábitos en la carretera, sobre todo para los conductores profesionales. Uno de nuestros objetivos es que sean las propias empresas quienes envíen a sus trabajadores a esta formación para que se reciclen y refresquen sus conocimientos.
Mirando hacia el futuro, tendremos que seguir atentos para adaptarnos a las nuevas formas de movilidad y trabajar para que el permiso por puntos no pierda efectividad, sino que, al contrario, siga siendo la herramienta útil para la seguridad vial que ha sido durante estas dos décadas.